Así es como el COVID-19 afecta el olfato y el gusto

Imagen tomada de Cape Cod Healthcare https://www.capecodhealth.org/medical-services/infectious-disease/is-loss-of-smell-a-covid-19-symptom/

De todos los síntomas que produce el COVID-19, dos de los más comunes son la pérdida del sentido del olfato y el gusto. Estos dos síntomas son predominantes en las personas jóvenes, menores de 50 años y en las mujeres; pero en general, han aparecido en más de la mitad de las personas contagiadas, y en más del 90% de estos se generan ambos síntomas.

La pérdida del olfato y el gusto es una afectación que es común a otras infecciones como el resfriado común o la gripa; pero se presenta totalmente diferente cuando es causada por el Sars-CoV-2, virus responsable de la enfermedad COVID-19, ya que esta pérdida del olfato y del gusto:

  • Es de inicio súbito y repentino. Incluso es uno de los primeros síntomas que se manifiestan en infecciones de COVID-19.
  • Es total: en vez de disminuir el olfato y el gusto, la mayoría de personas contagiadas en realidad no perciben nada de sabor ni olor. 
  • En la mayoría de los casos no está acompañada de la congestión nasal común que dificulta la respiración.

Estas diferencias de la pérdida del olfato son claves para diferenciar la pérdida del olfato por COVID-19 de otras infecciones y resfriados. Incluso se pueden hacer pruebas caseras en caso de una sospecha de haberse contagiado, se pueden usar alimentos como limón, naranja, ajo, café y azúcar. Si no puede oler ni percibir el sabor de estos alimentos sin tener congestión nasal ni síntomas de otra posible infección, puede confirmar o descartar el diagnóstico con una de las pruebas de COVID-19 y consultar las medidas de aislamiento que deberán ser tomadas, aquí.

Si esta afectación no es causada por la inflamación de la mucosa respiratoria y la congestión nasal común, entonces ¿cómo hace este coronavirus para que las personas pierdan el gusto y el olfato? Aquí le mostramos el mecanismo. 

Primero debemos entender que el sentido del olfato y del gusto están íntimamente relacionados y funcionan a la par. Si se afecta el olfato, también lo hará el sentido del gusto.

 

Pérdida del olfato


En la parte superior y profunda de la cavidad nasal, se encuentra el “epitelio olfatorio”, un tipo especializado de tejido que se encarga de reconocer las moléculas en el aire del ambiente, y transmitir esa señal al cerebro para que podamos obtener información del medio que nos rodea. En este territorio del epitelio olfatorio hay diferentes tipos de células, los principales tipos son:

  • Neuronas bipolares: estas son las células receptoras, es decir, son las que detectan ciertas moléculas en el aire (odorantes) y transmiten una señal hasta el cerebro para poder discriminar un olor específico. Las neuronas bipolares olfatorias son reemplazadas cada 4 a 8 semanas.
  • Células de soporte: células con forma alargada que rodean a las neuronas bipolares, dándoles soporte físico, nutrición y estimulación eléctrica.
  • Células basales: estas células localizadas en la base del epitelio dan origen tanto a las neuronas bipolares como a las células de sostén.


Imagen tomada de Curiosoando https://curiosoando.com/epitelio-olfatorio
 

Las células de sostén y las células basales contienen altas cantidades de unas enzimas (un tipo de proteína) en su membrana, una llamada ACE2 (enzima convertidora de angiotensina II) y otra llamada TMPRSS2 (proteasa transmembrana de serina 2). Se requiere la presencia de estas dos proteínas al mismo tiempo para que el SARS-CoV-2 pueda entrar en las células e infectarlas, y no solo están en estas células del epitelio olfatorio sino en muchas partes del cuerpo, principalmente en los pulmones, lo que explica otros síntomas de esta enfermedad.

Por su parte, el virus posee una proteína clave en toda su superficie llamada proteína S y esta es la que funciona como una “llave”, para unirse al ACE2, la cual sería la “cerradura”. Luego, TMPRSS2 y corta la proteína S del virus en los fragmentos S1 y S2. Posteriormente, S2 penetra dentro de la membrana de la célula, permitiendo la entrada del virus o de su código genético dentro de la célula. En el siguiente video se puede ver cómo puede entrar el virus a una célula: 



De esta manera, el virus infecta las células de soporte y las células basales del epitelio olfatorio, lo que posteriormente afectará las neuronas olfatorias porque aunque no están infectadas, no obtendrán el soporte y la nutrición adecuada proveniente de las células de soporte, y disminuirá la posibilidad de renovar eficientemente estas neuronas cuando se afectan las células basales. La mayoría de los casos presenta una pérdida total del sentido del olfato o anosmia, diferente a hiposmia (pérdida parcial). Este sentido muchas veces es subestimado, pero puede dejar a las personas más vulnerables a peligros como intoxicaciones por alimentos dañados o incendios, porque no se puede oler el humo del fuego.

 

Pérdida del gusto


El gusto es la sensación que producen las moléculas que estimulan los receptores del gusto, pero el término de “sabor” hace referencia a la integración de las sensaciones de gusto y olfato, esta es la “experiencia completa” cuando ingerimos un alimento. Algunos estudios relacionan la alteración del gusto predominantemente con la pérdida del olfato porque es más sensible; pero se ha encontrado que el virus también puede infectar directamente algunas células de la cavidad bucal y de la lengua, alterando el sentido del gusto antes que el olfato o incluso si nunca se pierde el olfato. Las alteraciones de este sentido pueden clasificarse como disgeusia (sensación de un sabor desagradable persistentemente), hipogeusia (disminución de percibir los sabores), y ageusia (incapacidad completa de detectar los sabores); cualquiera de estos se puede presentar por la infección de COVID-19.

 

La lengua posee unas proyecciones mucosas que se pueden ver a simple vista llamadas papilas linguales. Tres de los cuatro tipos de papilas linguales contienen estructuras microscópicas con forma de barril, denominadas botones gustativos. Cada botón alberga las siguientes células:

  • Células receptoras gustativas: Son las células son las que detectan ciertas moléculas específicas en la comida y luego transmiten la señal hasta el cerebro. Las células receptoras gustativas viven 10 días en promedio y por eso se recambian constantemente.
  • Células de soporte: cada una rodea varias células receptoras gustativas, luego maduran y se convierten en células receptoras gustativas.
  • Células basales: están localizadas en la base y en la periferia del botón gustativo, estas originan a las células de soporte, que luego se convierten en células receptoras gustativas.

 

Imagen tomada de Wikipedia https://es.wikipedia.org/wiki/Gusto

Los estudios han identificado que  el tejido dentro de la cavidad bucal que más contiene las enzimas ACE-2 y TMPRSS2 (las proteínas clave para permitir la entrada del virus a las células humanas) es la lengua, en células del botón gustativo y otras células de su superficie que la recubre. Sin embargo, este virus también puede afectar la mucosa que recubre la boca, encías y glándulas que producen saliva.

 

¿Se puede perder uno de estos sentidos para siempre?

 

Alrededor del 80% de los casos recuperan el gusto y/o el olfato a medida que avanza la recuperación. El 50% de pacientes suele recuperar completamente el gusto y/o el olfato en un mes (la pérdida del olfato y el gusto dura más que la propia infección); otros pacientes lo recuperan más lentamente, pueden registrar olores o sabores desagradables y diferentes a como los recordaban, pero esto podría deberse a que las células receptoras deben reconectarse de nuevo correctamente. Sin embargo, algunos pacientes pueden permanecer con alteraciones parciales o totales de estos sentidos por muchos meses después de haberse recuperado, estas alteraciones pueden haber sido más graves y puede que se hayan afectado propiamente los nervios que llevan la información de estos sentidos al cerebro o puede que se haya perdido una gran cantidad de las células receptoras, pero aún no se tiene total claridad sobre las razones por las cuales estos pacientes no recuperan el gusto o el olfato.

 

Para facilitar y acelerar la recuperación del olfato, puede funcionar el entrenamiento olfativo, como la exposición repetitiva a varios olores fuertes y reconocidos (limón, eucalipto, mandarina o naranja, anís, vinagre, entre otros) por 10 segundos, dos o tres veces al día. Lo mismo aplica para acelerar la recuperación del sentido del gusto con sabores fuertes y reconocidos. Algunas personas han usado un método de quemar una naranja por fuera, luego quitarle la cáscara quemada y machacar un poco la fruta, añadiéndole un poco de azúcar morena.  Al consumir esta mezcla, se logra estimular las células de casi todos los botones gustativos y, además, se puede estimular el gusto y el olfato al mismo tiempo para que las células receptoras se reconecten y se activen más rápido.

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