Tratamiento intrahospitalario por SARS-CoV-2

La mayoría de las personas que contraen COVID-19, la enfermedad causada por el nuevo coronavirus, pueden recuperarse en su casa sin recibir atención médica. Sin embargo, quienes padecen casos más graves de la enfermedad tal vez deban acudir al hospital.


Aunque un gran número de los pacientes que acuden al servicio de urgencias presentan dificultad respiratoria, otros necesitan atención debido a problemas gastrointestinales que incluyen inapetencia y diarrea. Otros motivos, más frecuentes en adultos mayores, incluyen mareos, confusión o un cambio súbito del estado mental posiblemente debido a la disminución del nivel de oxígeno que llega al cerebro. En algunos casos, el comienzo del mareo y la confusión puede causar caídas y fracturas. Por tal motivo, cualquier persona es potencialmente susceptible de enfermar por COVID-19 pero en un mayor porcentaje corren riesgo los adultos de 65 años o más y quienes tienen comorbilidades asociadas como diabetes y enfermedad cardiaca. Para más información sobre los factores de riesgo que pueden agudizar la evolución de la enfermedad, consulte aquí.


Durante el curso de la pandemia, el esquema de atención hospitalario ha adoptado diversos niveles de unidades de atención COVID-19 donde los pacientes que tienen síntomas menos críticos reciben atención, aunque en un área aislada donde los miembros del personal usan mascarillas y otros artículos de equipo de protección personal.

Si su médico decide que debe ser internado por COVID-19, sin necesidad de cuidado crítico, le asignarán una unidad de COVID-19 y el tratamiento dependerá de cuán grave sea la enfermedad.

 

Algunos pacientes necesitan muy poca intervención. Normalmente, se controlan con frecuencia los signos vitales y los niveles de oxígeno y se administran líquidos para mantener a los pacientes hidratados. Cuando los niveles de oxígeno son bajos, se pueden aumentar con una cánula nasal o una máscara de oxígeno.


Al no existir una guía de tratamiento específica para tratar la enfermedad por SARS-CoV-2, gran parte del tratamiento consiste en vigilar los síntomas para determinar si empeoran y estar alerta por si aparecen nuevos síntomas que sean muy alarmantes. En este último escenario se hace obligatorio el ingreso a una unidad de cuidados intensivos debido a una eventual insuficiencia respiratoria o cardiovascular que pone en riesgo la vida del paciente. El hecho de que alguien ingrese a la UCI con complicaciones respiratorias no significa que lo conectarán automáticamente a un respirador, que es una máquina que introduce y extrae aire de los pulmones por medio de un tubo insertado a nivel de la tráquea.


Recientes estudios han demostrado que los respiradores artificiales tienen poca efectividad en el contexto de esta enfermedad, especialmente en el adulto mayor, por lo cual los médicos han encontrado tratamientos con oxígeno que son menos agresivos y que incluyen el uso de cánulas nasales de alto flujo, por ejemplo, y han tratado con éxito a varios pacientes con COVID-19 cuando se coloca a los pacientes boca abajo. De esta manera se sugiere que consulte con el equipo médico sobre las opciones de oxigenoterapia disponibles y los riesgos que presentan.


La estancia en el hospital depende de cuán grave es la enfermedad. Algunos pacientes permanecen en la unidad de cuidados intensivos de cuatro a siete días, pero aquellos cuya condición es más grave pueden permanecer dos semanas o más. También hay pacientes que permanecen más tiempo y luego tienen un período incluso más largo de recuperación en un centro de cuidados a largo plazo. A menudo se trata de pacientes que sufren daños en varios órganos a consecuencia de la infección. 


Una vez el paciente regrese a una condición estable y su carga vírica sea mínima se le dará de alta lo cual no significa que esté completamente recuperado. Si bien aún no se conocen por completo las secuelas en el organismo por causa de la infección, se sabe con certeza que los efectos de las hospitalizaciones y en especial de las unidades de cuidados intensivos pueden durar de meses a años. Cabe destacar que algunos pacientes nunca llegan a recuperarse por completo. Uno de los mayores obstáculos es superar la debilidad muscular que sobreviene durante una hospitalización y que puede causar que los pacientes tengan dificultad para ocuparse de sus actividades cotidianas.


Para algunos pacientes, hasta las tareas de rutina, como subir los escalones de la entrada de su casa, se tornan muy difíciles. Otro de los efectos de la hospitalización que puede persistir después del alta es el delirio, que es un cambio cerebral repentino que causa confusión mental o desorientación. Lo mismo sucede con la depresión, la ansiedad y el trastorno por estrés postraumático. De esta manera se recomienda que los pacientes y sus familiares conversen con su médico sobre la rehabilitación antes de abandonar el hospital.

Evitar los sedantes o administrar las dosis más bajas durante el menor tiempo posible para atenuar el delirio y el pensamiento confuso es uno de los métodos que utilizan los proveedores de atención médica para que los pacientes se mantengan activos física y mentalmente en el hospital.

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